Un pueblo al sur de Portugal
donde nadie nos conocía,
y donde tú y yo comenzamos a conocernos.
El mar, frente a la ventana,
bostezaba olas de plata
y tus labios
ya sabían a café
cuando el horizonte se confundía
con el humo de un cigarrillo
que fumaba en el balcón,
y sobre la cama
la calma ondulada de tu cabello.
Una semana: con sus siete días
y sus tantas noches claras,
y un domingo la bombilla del amanecer
dibujó sombras chinescas en tu cara
borrando para siempre mi sonrisa
de tus pupilas.
La vuelta a nuestra ciudad
no significó regresar al norte.
miércoles 6 de julio de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentarios:
bacallao a bras
Publicar un comentario en la entrada