
Me voy y te dejo Madrid para ti. Me llevo una pequeña maleta y unas cuantas ojeras, casi cien bostezos cargados de rutina y el dibujo de una arruga en mi mejilla. Esa arruga que me salía cuando reía. Me llevo algún beso guardado en un tupper para tomarlo a media mañana, o en cinco comidas al día para estar sano y equilibrado. Me llevo el bañador y rastros de tu saliva en mi cuello, arañazos en mi espalda y caricias en mi pecho. Te dejo con las obras, los atascos, los pitidos y los semáforos con malabares. Te dejo a buen guardar los árboles del Retiro, la puerta de Alcalá y la plaza de Ventas. Madrid, me voy y te dejo lo mejor, el mayor tesoro. Cuidamelo bien. Hasta pronto.









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